Manifiesto mes de julio 2013

La vocalía de la Mujer de la Asociación vecinal de Valdeolleros perteneciente a la plataforma Cordobesa contra la violencia  a las mujeres, de nuevo está aquí. Para condenar, rechazar y denunciar los asesinatos a las mujeres. Recordemos 38 mujeres asesinadas este año, 1. 239 en los últimos 10 años. Motivos de sobra para remover los cimientos del sistema Patriarcal. ¡¡¡¡Que impotencia!!!!!!

No olvidamos que esas mujeres asesinadas tenían hijas, hijos, padres y madres hermanas, hermanos, amigas, a quien el machismo, ese modelo mortal de masculinidad, le ha arrebatado también, parte de sus vidas. Repetimos 1.239 asesinatos en 10 años. Es para reflexionar y de forma urgente.

REFLEXIONAR QUE:

La apología de la desigualdad, es decir, la publicidad del sexismo, se materializa de forma contundente en las insoportables cifras de mujeres asesinadas. Estamos viviendo unos meses negros de terrorismo machista.  Y a pesar de ello somos conscientes que la lucha contra esta violencia no forma parte de las preocupaciones, ni de las prioridades de gobernantes ni de la sociedad. Porque cuando llamamos a estos asesinatos “violencia doméstica”, estamos formulando toda una declaración de principios y marcando el camino a seguir: es una violencia que debe volver a formar parte de lo privado y como tal deja de ser objeto del debate y la preocupación pública.

Y en el mismo sentido cuando se prepara un anteproyecto de reforma del Código Penal donde se intenta eliminar el concepto de violencia de género, estamos quitándole importancia a los asesinatos de esas 37 mujeres que fueron asesinadas por el simple hecho de ser eso, mujeres.

La Plataforma Cordobesa contra la violencia a las mujeres (A la que pertenece esta vocalia) desde el 1.997, junto con los colectivos de mujeres luchó, trabajó, para poner a debate público la violencia machista; y ha contribuido a sacar de las catacumbas de lo privado una violencia, que es ideológica y política y que se ha llevado por delante las vidas de miles de mujeres. Con el trabajo cotidiano, el dialogo de los colectivos de mujeres, y, como no la voluntad política, se legisló, se destinaron fondos, se implementaron políticas adecuadas, se contribuyó al cambio social frente a este fenómeno; es decir, se combatió y, sobre todo, se ofreció cobertura y apoyo a las víctimas y a sus hijos e hijas, ofreciéndoles la posibilidad de escapar de la violencia.

Todo lo anterior  era, es y será  necesario y justo. El camino abierto es el camino por el que tenemos que seguir, pero si, recortamos en políticas educacionales, sanitarias, en derechos sociales, legislativos, libertades individuales, en protecciones sociales daremos (estamos dando pasos atrás en las políticas de igualdad) y la violencia estructural hacia las mujeres será mayor y más fuerte en todos los ámbitos de la vida.

En esa reflexión que hoy queremos hacer, sabemos, somos conscientes que las leyes no son suficientes para erradicar la violencia y que los asesinatos de mujeres a manos de hombres con los que tenían o habían tenido relación sexual y/o sentimental seguirán produciéndose.

Esto será así mientras sigamos pensando que la violencia machista puede combatirse sin poner nombre y combatir al sistema que la ha creado y que mantiene la desigualdad: el patriarcado; que existe de la misma manera que existe el capitalismo aunque a menudo nos hagan pensar que no, que esta forma cultural de organizarnos y construirnos como hombres y mujeres es natural. No lo es; y por eso no basta con incorporar a las mujeres al trabajo asalariado o a la educación, con que sean ministras o estén en igual número en los consejos de administración. Eso es muy importante, pero no es lo único. No olvidemos que los países nórdicos, pioneros en poner en marcha políticas específicas de lucha contra la violencia de género, siguen siendo países con índices muy altos de asesinatos por violencia machista y en delitos sexuales.

Porque para eliminar la violencia machista tenemos que cambiar radicalmente los mecanismos sobre los que se levanta nuestra cultura en lo que hace al sexo/ género, la manera en que nos construimos como mujeres y como hombres desde la infancia, la manera en que nos relacionamos, el valor que se nos asigna a unas y otros culturalmente. Es decir, mientras sigamos siendo irreductiblemente diferentes, no podremos ser iguales. Porque la diferencia de género es, sobre todo, diferencia de oportunidades sociales, pero no avanzamos al mismo ritmo (e incluso retrocedemos) en la deconstrucción de lo simbólico, es decir, en lo que nos construye subjetivamente y como seres sociales. Mientras sigamos pensando que de los pares activo/pasiva; inteligente/intuitiva; fuerte/dulce; protector/maternal; valiente/timida; promiscuo/fiel; agresivo/pacifica… (Y otros mil que nos inventemos), la primera parte es propia de los hombres y la segunda de las mujeres, no iremos bien.

Y no vamos bien porque, como ocurre siempre que un grupo social busca un cambio que es contrario a los Supuestos básicos sobre los que una determinada sociedad se funda –en este caso la desigualdad de género, y a los intereses del grupo social privilegiado –en este caso los varones, la resistencia social es enorme. Quien sea maestra, profesor o madre/padre sabe muy bien el enorme retroceso sufrido en los últimos años entre los niños/as y adolescentes.

Sí, hemos conseguido enormes avances, pero las escuelas infantiles viven una invasión de rosa: niñas vestidas de rosa y todo tipo de artilugios rosas, desde carteras, bolígrafos a bicicletas, que diferencian a los niñas de los niños antes de que puedan decir una sola palabra ni expresen ningún deseo propio. Y después las adolescentes, aunque no vistan de rosa piensan en rosa y siguen soñando con el príncipe azul, una idea del amor romántico omnipresente en el que ellas ocupan un lugar completamente diferente del de los chicos y que la cultura popular estimula constantemente. Príncipes que salvan princesas y no princesas que salvan príncipes ni, sobre todo, que se salvan a sí mismas. El amor romántico impregna la cultura popular y la satura de significados de desigualdad, de pasividad femenina, de sacrificios que ellas hacen por amor, incluso contra sí mismas.

Esa es la educación sentimental que tienen, porque la educación sexual la reciben exclusivamente del porno al que chicos y chicas están sobreexpuestos a edades muy tempranas; y nunca antes los chicos y las chicas habían tenido una idea tan distorsionada (y machista) del sexo, absolutamente ligado a imágenes de dominación masculina y sumisión femenina. Para ellos y ellas, la pornografía es la realidad de la sexualidad, el modelo ideal de relación. Y en todo caso estamos todo el tiempo sometidas a una persistente y omnipresente cultura audiovisual que en su mayor parte, es sexista y misógina. Nunca antes el cuerpo de las mujeres ha estado tan presente y tan sexualizado al mismo tiempo; nunca antes hemos estado sometidas a tantas presiones para que nos arreglemos, nos cincelemos, nos convirtamos en un objeto sexual “normalizado”; para que seamos madres a toda costa, para que seamos “femeninas” a toda costa, para que nos enamoramos como es debido, para que no vivamos ni nos atrevamos a imaginarnos solas y emocionalmente independientes. Presionadas a pertenecer al tipo de familia tradicional, una visión de la unidad familiar patriarcal. Sometidas a que un Juez pueda decidir la custodia compartida, incluso en contra del criterio de los progenitores.

Obligadas a cuidar de los mayores y dependientes gratis, a no tener derecho a elegir nuestra propia sexualidad, a no poder tomar decisiones sobre nuestros propios cuerpos, incluso a ser detenidas, o expulsadas por amamantar a nuestras criaturas en lugares públicos. Esa realidad en el siglo XXI que están, estamos viviendo las mujeres en el mundo, en ese mundo avanzado. Ya se sabe, o hay hombre por medio, o no somos ciudadanas de pleno derecho.

Por eso creemos desde esta Plataforma que hay que provocar un cambio real, sin prohibir ni censurar que no da buenos resultados, y seguimos apostando, como tantas y tantas veces hemos dicho públicamente que el camino emprendido con la asignatura educación para la ciudadanía era el adecuado. Educar, educar. Ofrecer a los niños y a las niñas a los y las adolescentes un curriculum potente en educación sexual, en valores, en igualdad que contraste y combata los valores culturales dominantes.

Sin cuestionar por completo el sistema, es imposible atajar la violencia contra las mujeres porque es como tratar de taponar un géiser con un dedo. Si el problema de la violencia machista, patriarcal, estructural hacia las mujeres no se analiza desde la raíz, las declaraciones,  comunicados, noticias, debates son simplistas al mes que viene estaremos aquí de nuevo, al año que viene, y dentro de 30 años otras mujeres seguirán estando en la calle diciendo que el mayor terrorismo que existe en el mundo es el que sufren mujeres y niñas.

¡Ni una agresión, ni una muerte más!
Plataforma Cordobesa Contra la Violencia hacia las Mujeres.