Manifiesto de julio de 2007

Señora Alcaldesa, Señoras y Señores Capitulares, Compañeras y Compañeros:

De nuevo nos vemos obligadas a reunirnos para denunciar nuevas muertes de mujeres inocentes, asesinadas sólo por haber decidido escapar del yugo de su pareja.

Cuando estábamos preparando este manifiesto, pensaba que no es posible añadir nada nuevo a lo que hemos venido diciendo mes a mes y año tras año en esta tribuna. Solo nos resta seguir repitiendo una y otra vez que una sociedad democrática como la nuestra no puede tolerar la violencia de género, ni mucho menos las decenas de muertes que van sucediéndose; debemos insistir en que, a pesar de constituir una noticia casi cotidiana, esta violencia contra las mujeres, en todas sus manifestaciones, representa probablemente el más grave ataque contra los derechos humanos que sufrimos en nuestro país. No olvidemos que la violencia de género debe abordarse como una consecuencia de la discriminación sexista, el último extremo y la consecuencia más dramática de una estructura patriarcal. Las 49 mujeres muertas durante este año a manos de sus parejas o ex parejas son el resultado más dramático de otras violencias de menor intensidad, menos evidentes pero más cotidianas y que no son noticia en los medios de comunicación.

Hemos avanzado mucho en nuestra lucha. Recuerdo que hace años exigíamos una ley integral contra la violencia de género, reclamábamos más recursos y servicios públicos para las mujeres que sufrían este horror, demandábamos la respuesta activa y la reacción de la sociedad, especialmente de aquellas instancias sociales implicadas en la respuesta más directa como los operadores jurídicos (jueces y juezas, fiscales, abogadas, cuerpos y fuerzas de seguridad). Requeríamos la intervención de los y las responsables políticos ante lo que consideramos un problema de Estado.

Es cierto que hemos ido consiguiendo algunas de estas demandas. Sin embargo, tenemos que seguir reivindicando.

Hay leyes, sí, pero tenemos que seguir pidiendo sensatez y sensibilidad para quien las tiene que aplicar.

A la sociedad tenemos que seguir pidiéndola que no se lave las manos en ningún momento. Nunca justificar: “Es un hombre muy educado”. “Siempre saludaba”. Ser valientes y no aceptar las situaciones sospechosas: cualquier vecino o vecina puede haber oído golpes, ruidos, gritos. No callar, ofrecerse a la supuesta víctima, darle confianza, saber que puede contar con nosotros.

A todas las instituciones, a los políticos y las políticas que nos representan tenemos que seguir pidiéndoles honradez, generosidad y cabeza. Honradez en sus declaraciones. Que no utilicen esta lacra social que es el maltrato a las mujeres como arma arrojadiza de logros propios y cosas por hacer por parte del contrario. Si alguien, sea del partido político que sea, tiene una idea, una solución, un proyecto, que piense que pueda ayudar a solucionar el problema social del maltrato, que lo haga, que lo diga, pero no echándolo en cara del contrario político para que lo haga él, sino de una manera positiva, generosa. Este es un asunto muy grave como para ponerse medallas individuales o partidistas.