Manifiesto de julio de 2004

Señora Alcaldesa, señoras y señores capitulares, compañeros y compañeras:

Gran Canarias, Castellón, Murcia, Barcelona, Alicante, Madrid… Ciudades que se han visto empañadas en el mes de julio por los asesinatos producidos a mujeres, niños y niñas, seres humanos que en vez de encontrar en sus parejas la realización de sus sueños han encontrado la tortura, la violación y la muerte.

Seis mujeres y entre ella una joven de 15 años y dos niños de nueve y tres años han sido asesinados por violencia de género. 43 Mujeres y 5 niños/as perdieron la vida en 7 meses en el 2004. Antes esto nos volvemos a preguntar: ¿Qué habría pasado si en siete meses hubieran sido asesinadas 43 futbolistas? Resulta fácil de imaginar: despliegues policiales espectaculares, medidas especiales de protección, guardaespaldas, preguntas parlamentarias, revuelo de la clase política, movilizaciones históricas en las calles, muestras de apoyo y solidaridad desde todos los rincones del mundo… y mil acciones más.

Podríamos cambiar la palabra futbolista por cualquier otro gremio masculino, es más, podríamos hacer simplemente en masculino, ¿el resultado sería el mismo? A los hechos me remito: ¡No!

Sin embargo en la España del siglo XXI alrededor de un centenar de mujeres son asesinadas cada año por sus parejas o ex parejas, muertes a las que no se suman, por la imposibilidad de cuantificarlas, las de aquellas que se suicidan como única salida a sus sufrimientos, cuantas españolas tienen problemas de salud mental y física derivada del maltrato cotidiano.

Y a pesar de todo lo anterior todavía algunos sectores no condenan la violencia de género y peor aún, algunos lo justifican, para la reflexión: ¿Qué ha sido de la iglesia Católica respecto al maltrato a mujeres? ¿Y la conferencia Episcopal? ¿Cuántos documentos o discursos han salido del Vaticano o de los distintos Arzobispados, Obispados y Parroquias condenando la violencia de género? Su silencio es demasiado sonoro. A pesar de todo esto seguiremos luchando para conseguir una igualdad real donde estos plenos no tengan que realizarse.

Dentro de este contexto queríamos hacer mención y hacer una crítica a la ideología del amor tradicional, aquel que tenemos tan interiorizado (sobre todo las mujeres) y que está cargado de mitos que no hacen más que reforzar unos roles sexistas y unas relaciones desiguales entre hombres y mujeres. Ese amor que favorece la violencia de género desde lo más dramático. Si analizamos los relatos de las mujeres que son víctimas de violencia por parte de su pareja, aparecen sistemáticamente la idea del amor romántico sobre el que estas mujeres han construido su biografía y en nombre del cual aguantan tanto sufrimiento. Un amor caracterizado por el sacrificio por el otro, el olvido de una misma y sus deseos. Pues lo que exalta el lirismo occidental no es el placer de los sentidos ni la paz fecunda de la pareja, no es el respeto y el conocimiento del otro, sino el amor como pasión sufriente. Ya que el mito del amor pasional es una construcción de Occidente.

Nuestras heroínas literarias viven el amor como proyecto fundamental de sus vidas, así mientras que las protagonistas dan la vida entera en nombre del amor y éste constituye el proyecto prioritario en muchas mujeres, para el personaje masculino es sólo una parte de su existencia. El amor por tanto, vemos que no escapa a la influencia de la cultura y de la socialización, y ala diferenciación de roles que se establecen en función del género.

Las mujeres que viven por el otro y para el otro, aquellas que quedan aprisionadas en la idea de este amor romántico, en la búsqueda de esa pareja que les de sentido a sus vidas, les complete y garantice su felicidad, sumado a la elección de personas difíciles, agresivas, o controladoras, tienen más posibilidades de vivir en la violencia, consentirla y permanecer en ella porque esa relación le da sentido a su vida.

No dejemos que en nombre de un amor mal construido y entendido siga derramándose sangre de mujeres, en mano de sus parejas. Luchemos por ese día que parece utópico, pero que se puede conseguir.

Por eso desde esta plataforma manifestamos nuestro apoyo a todas las asociaciones y a cada una de las mujeres que la integran por el trabajo voluntario y constante que realizan para alcanzar la igualdad de género. Nuestro ánimos y solidaridad a todas las mujeres valientes que en sus peores momentos tuvieron la valentía de romper, con muchísimo esfuerzo, las cadenas que la unían al agresor.
A todas nos es grato haber nacido mujeres y queremos vivir el placer de serlo, la libertad de pensar, decir, hacer y ser lo que nosotras decidamos, incluida la libertad de poder equivocarnos, sin más, muchas gracias.