Manifiesto de abril de 2005

Sra. Alcaldesa, sras. y sres. capitulares, compañeras, compañeros:

No es fácil para nosotras volver a estar aquí, pero es necesario.

Tenemos que afinar el pensamiento, desarrollar habilidades y estrategias. Superar dificultades y no dejar de denunciar, por todos los medios, a quienes levantan contra nosotras el mazo de la discriminación y la violencia.

La violencia de género que se conoce, la que sale al exterior, es sólo la punta de un iceberg que esconde un gigantesco bloque de hielo hundido en los más profundos fondos de la cultura androcéntrica, que a pesar de los avances, sigue inundando nuestro mundo, incluidos los países más desarrollados, como el nuestro.

Es cierto que se han producido cambios profundos, revolucionarios si se quiere, en el ámbito de las relaciones entre mujeres y hombres, pero sigue habiendo demasiados resquicios donde aún anidan desequilibrios terribles, algunos tan nefastos que acaban en muerte.

Mª Isabel, Teresa Asunción, Agustina de los Ángeles y tres mujeres más de Almería, Barcelona y Cádiz, de las que sólo conocemos sus iniciales, una vez más les han robado el nombre. Un mes catastrófico: seis mujeres asesinadas y dos niños de 6 y 2 años.

Los medios de comunicación tratan el tema, pero aún de una manera superficial. No se habla de los mecanismos psicológicos, sociales y culturales que los provocan, ni se alerta con rotundidad del encubrimiento consentido de la vecindad que a diario convive con esta lacra demasiado común. Ni se dan soluciones rotundas, ni se buscan responsables.

Tenemos que lograr que el agresor salga de su madriguera, que lo aislemos, que lo persigamos, que lo denunciemos y lo condenemos sin tapujos ni medias tintas. Y lo conseguiremos entre todos y todas.

¡Desenmascarar al agresor! ¡Ni una agresión más, ni una muerte más!