Intalados/as en la barbarie

Treinta y nueve, treinta y tres y veintitrés son las edades de las mujeres que en menos de 72 horas han sido asesinadas por su pareja o expareja, y otra se encuentra hospitalizada tras recibir varias puñaladas. Las estadísticas oficiales hablan de 33 mujeres, nosotras sabemos que son más; que las asesinadas por los que no eran su pareja, los hijos e hijas asesinadas, los familiares o personas allegadas, también lo son, así como los casos que aún están en investigación pero que tienen todas las características de violencia machista. Podemos hablar de más del doble de número de víctimas. Tres asesinadas en un día y hay que rebuscar entre las noticias del periódico para encontrar los casos. ¡Indignante!
Nos tienen acostumbradas al silencio institucional, a la normalización, a la cotidianización de los asesinatos, pero nosotras no podemos callar. Venimos denunciando durante este verano, no sólo el elevado número de casos sino las edades, cada vez más bajas, de las mujeres asesinadas.
Según los medios, la chica de tan sólo 23 años, asesinada ayer en Murcia, había conseguido una orden de alejamiento, pero las declaraciones de las autoridades dicen que “no se detectó ninguna situación que denotase este trágico final”. ¡Cómo pedimos a las mujeres que denuncien, les decimos una y otra vez que sin denuncia no se puede hacer nada y, después de todo el tortuoso proceso que le lleva a la denuncia, las menospreciamos diciendo que no hay riesgo o que no se esperaba que ocurriese esto! Es una verdadera vergüenza que no se tomen en serio las denuncias, que se siga dudando de las mujeres que están siendo sometidas a una vida de agresiones, amenazas, vejaciones y, cuando no denuncian, salgamos rápidamente a decir: “¡es que no denunció!”, para limpiarnos de la culpa y de la responsabilidad que nos corresponde.
La violencia y los asesinatos machista son la visibilización última de una violencia estructural, mantenida y consentida por un sistema que sigue perpetuando  las desigualdades entre hombres y mujeres, que consiente la resolución de conflictos de forma violenta, que mantiene las relaciones de dominio y posesión  en la pareja, que fomenta una cultura amorosa patriarcal, machista, donde el sufrimiento y la dependencia emocional de la mujer es la vía para alcanzar el amor.
No ser responsables directos y directas de estos asesinatos no nos convierte en inocentes, porque el silencio y la pasividad ante esta violencia estructural nos hace cómplices.
Debemos tomar medidas personales y colectivas  que nos impliquen en esta lucha, con un llamamiento especial a los hombres.
Institucionalmente exigimos medidas educativas en materia de igualdad, coeducación y educación afectivo-sexual; políticas de igualdad que permitan a las mujeres el ejercicio de sus libertades, el control y la autonomía sobre sus propias vidas; aumento de las medidas de protección de las víctimas; el cumplimiento a raja tabla la ley integral contra la violencia de género y la dotación de presupuesto en todas sus áreas; la formación continua y obligatoria para todo el personal que de alguna forma participa en el proceso de denuncia de las mujeres maltratadas; campañas de sensibilización que dejen de culpabilizar a las mujeres de nuevo por no denunciar; declaraciones  institucionales que condenen, sin paliativos, no sólo los asesinatos, sino cualquier tipo de violencia cometida contra las mujeres; medidas institucionales que no permitan publicidad sexista, que actúe contundentemente frente a declaraciones que fomenten o justifiquen la violencia machista, que promuevan  en los medios de comunicación la no violencia, las relaciones entre iguales, libres de dependencias y de dominios.
El 7 de noviembre estaremos en Madrid exigiendo un pacto de Estado frente a las violencias machista. Tenemos que hacernos oir.
¡No podemos esperar más!  ¡Nos están asesinando! ¡Es terrorismo!
Ni una agresión más, ni una muerte más.
Toñi Mudarra ( Área de comunicación y prensa de la Plataforma Cordobesa Contra la Violencia a las Mujeres)